
Cada vez más personas optan por sustituir el cloro tradicional por un sistema de cloración salina. Más allá del mantenimiento, el cambio tiene un impacto directo en la comodidad y en la forma de disfrutar la piscina en el día a día.
El agua salina resulta más agradable al baño, reduce el olor químico y evita molestias habituales como los ojos rojos o la sensación de piel reseca tras largas horas en el agua. Además, el sistema automatiza gran parte de la desinfección y reduce la necesidad de utilizar productos químicos de forma constante.
Otra de sus ventajas es que no hace falta construir una piscina nueva para incorporarlo. La mayoría de piscinas de cloro pueden adaptarse fácilmente mediante la instalación de un clorador salino y unos pequeños ajustes en el sistema existente.
¿Cómo funciona una piscina de agua salina?
Aunque se conoce como “piscina de sal”, el agua no tiene la misma concentración salina que el mar. El sistema utiliza sal disuelta en el agua y, mediante un proceso de electrólisis, genera de forma natural el desinfectante necesario para mantener la piscina limpia.
Esto permite mantener una desinfección constante y más estable, reduciendo el mantenimiento manual y mejorando la calidad del agua.
De cloro a sal en cuatro pasos
1. Limpia y equilibra el agua
Antes de instalar el sistema, es importante realizar una limpieza del filtro y comprobar que el agua esté equilibrada. El pH debe situarse entre 7.2 y 7.4 para garantizar un funcionamiento óptimo.
2. Instala el clorador salino
El equipo se instala en la tubería de retorno, después del sistema de filtración. Si la piscina dispone de bomba de calor o regulador automático de pH, el clorador debe colocarse como último elemento del circuito antes del retorno al vaso de la piscina.
3. Añade la sal
La cantidad habitual es de 5 kg de sal por cada m³ de agua, aunque siempre conviene consultar las especificaciones del fabricante. La sal debe verterse directamente en el agua, repartida por el perímetro de la piscina y nunca a través de los skimmers.
Para facilitar la disolución, se recomienda cepillar ligeramente el fondo y mantener la bomba en funcionamiento durante aproximadamente 24 horas.
4. Activa el sistema
Una vez la sal esté completamente disuelta, ya se puede poner en marcha el clorador salino para iniciar el proceso de electrólisis.
Ventajas de la cloración salina
La cloración salina no solo mejora el confort durante el baño, también aporta ventajas en mantenimiento y eficiencia a largo plazo.
Agua más suave y agradable para la piel y los ojos.
Menor olor químico en el entorno de la piscina.
Reducción del uso de productos químicos.
Mantenimiento más automatizado y estable.
Menor manipulación de productos desinfectantes.
Aunque requiere una inversión inicial, el ahorro en mantenimiento y productos puede notarse con el tiempo.
Aspectos importantes para alargar la vida útil del sistema
Para garantizar un funcionamiento correcto y duradero, conviene realizar un mantenimiento básico del sistema.
El agua salina tiende a aumentar el pH de forma natural, por lo que es recomendable instalar un regulador automático. También es importante revisar periódicamente la célula del clorador para evitar acumulaciones de cal.
Durante los meses más fríos, cuando el agua baja de 15°C, se recomienda apagar el sistema para proteger los componentes.
Qué conviene saber antes de instalar un sistema de cloración salina
Para garantizar un funcionamiento correcto y duradero, es importante utilizar sal específica para piscinas, con alta pureza y sin aditivos.
También conviene tener en cuenta que el agua salina puede elevar el pH de forma natural, por lo que muchos sistemas incorporan regulación automática para mantener el equilibrio del agua de forma constante.
En cuanto a los materiales, una instalación adecuada y componentes preparados para este tipo de tratamiento evitan problemas de corrosión y aseguran una mayor durabilidad del sistema.
Otro aspecto importante es el mantenimiento de la célula del clorador, que debe revisarse periódicamente para evitar acumulaciones de cal y garantizar un rendimiento óptimo.
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